Se reconocieron y millones de segundos regresaron a sus pupilas llenas de lágrimas, fotografías cobraban vida en sus álbumes personales. Una estampida de promesas recorrían sus oídos, ecos de espejismos. Pero los sueños partieron, volaron hacia arriba, con el viento. Otros días vinieron, esos que se desean olvidar, sórdidos y desastrosos (días que se prefieren entre paréntesis).
Entonces los de ahora siguen su rumbo, sin saludarse, avergonzados de las palabras de niños.