jueves, 29 de noviembre de 2012

Chile



Chile es un país plural, pero no pluralista. Esto porque existen, al menos, dos Chiles. Uno conformado por la mayoría, perteneciente a la clase media baja (bien baja). A ella se le han impuesto una serie de pagos y deberes con cuales debe cumplir en orden de superar la amenaza constante de una pobreza que siempre amedrenta y castiga severamente su hogar. Se le ha prometido que en un momento dado sus necesidades serán satisfechas, pero aquello no es más que una burda burla, similar al burro que persigue una zanahoria que el mismo pone en movimiento. Se les explota constantemente y se le hace creer que su trabajo está muy por debajo de los estándares, por lo que su salario se ve generalmente mermado. Este Chile camina siempre con la cabeza baja.

El otro Chile, compuesto por un número mucho menor de personas, pertenece a la clase alta (alta). Este controla al animal y su entorno. Tiene poder absoluto sobre la distribución de los alimentos, la tierra y el mar (y sus peces). Ha restringido el acceso a la literatura subversiva, imponiendo impuestos e inflando los insumos básicos, de manera tal que el primer Chile tiene que elegir entre educarse o leer. Incluso cuando pudiera optar por ambos, el segundo Chile ha establecido un cerco comunicacional que amordaza los ojos y oídos del primero, para que escuche o vea sólo la zanahoria en frente.

Como el segundo Chile necesita validarse y ganar el favor de sus vecinos, ofrece a ellos la administración del país, vendiendo las tierras donde el primer Chile vive. El dinero que se obtiene no se reparte entre los  reales propietarios, sino que se utiliza para crear más y más fondos que nadie realmente ve. Se dice que es para el futuro, uno en que lo necesitemos. Sin embargo, hoy hay muchos chilenos que lo necesitan.

El segundo Chile cree que todo lo que hace lo hace por el bien de todos, por eso casi nunca escucha al primer Chile. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Los números naturales desde 1914: algunas cifras para la comprensión de la historia a partir de la primera guerra mundial



“Si alguien pregunta porque morimos, diles,
 porque nuestros padres mintieron.” 
Rudyard Kipling


 Hace casi cien años, el 28 de Julio de 1914, daba inicio un conflicto conocido como la gran guerra. Un cruce de armas que venía preparándose por décadas desde la unificación de Alemania y la división de los poderes europeos en dos bandos. Tal vez por siglos, si consideramos que aquello es una consecuencia de la carrera colonial de la cual Inglaterra y Francia tomaron participación activa, llegando el primero a ser uno de los imperios más grandes y poderosos de la historia de la humanidad. O incluso más de medio milenio, si incluimos el punto de vista de subalterno de Bosnia, que luchaba, desde 1389, por una independencia perdida frente al imperio Otomano.

Mientras las grandes potencias ansiaban los dominios coloniales de las otras utilizando como mecanismo una escala militar irrisoria, los países ocupados buscaron por medio de focos rebeldes redimir su identidad histórica y cultural.

Adición

La visita en Sarajevo del archiduque Franz Ferdinand, el 28 de Junio de 1914, no fue otra cosa que una bofetada en el rostro para los serbios. Aquel mismo día, la nación eslava conmemoraba su derrota frente a los Otomanos bajo la afligida festividad de San Vitus, de modo que la amenaza de una nueva anexión con Austro-Hungría (de la cual Franz Ferdinand sería amo y señor) representaba la continuidad de un largo y cabizbajo periodo de obediencia y sumisión. 

El consiguiente atentado a manos del estudiante Gavrilo Princip contra el archiduque tenía un complejo motor cuyas piezas comenzaron a girar con siglos de anticipación. Suma de un castigo histórico que necesitaba una vía de escape, una redención y un héroe. Una vez consumado el asesinato, Princip declaró: 
 

“No hay necesidad de llevarme a otra prisión. Mi vida ya se disipa. Sugiero que me claven a una cruz y me quemen vivo. Mi flameante cuerpo será la antorcha que ilumine a mi gente en el camino a la libertad”.

 
A esta declaración le siguieron otras, como la declaración de guerra de Alemania a Rusia y Francia, Inglaterra a Alemania y Austria, y la de Serbia a Austria-Hungría. Se sumarían además otros países a un fenómeno matemático jamás antes experimentado.    


Si N ≥ 0, entonces 16.000.000 es un número natural


La Primera Guerra mundial costó oficialmente la vida de más de 16.000.000 de personas durante los cuatro años de su extensión. Una de las razones de este desmesurado costo humano proviene, primero, del uso de trincheras en el frente. Estas propiciaron que ninguna de las potencias pudiera movilizarse y neutralizar las fuerzas enemigas, generando una guerra de desgaste. Además, la vida en estos agujeros estaba acompañada del constante asedio de parásitos, enfermedades respiratorias e infecciones que sin la necesaria atención médica conducían inevitablemente a otras fosas comunes. 

Una de las enfermedades más populares se producía por edemas en los pies, causando supuras, inflamaciones, problemas de articulación y tensión arterial. En el peor de los escenarios conduciría a gangrena y la amputación del miembro contagiado. Desde entonces se le conoce como pie de trinchera.

Sin embargo, fue la presencia de la ametralladora la que definió la suerte de cientos de batallones. Uno de los modelos más populares fue el Lewis. Un logro de la ingeniería militar: capaz de disparar una ráfaga de 550 balas por minuto, pesando tan sólo 11 kilogramos y a un costo de producción 6 veces menor que el modelo más cercano. Poseía 96,5 centímetros de longitud y un calibre 7, 70 milímetros. Cuando los poderes centrales presenciaron su poder destructivo, temerosamente le llamaronserpiente cascabel”. Un pelotón completo podía ser diezmado de una sola ráfaga.

Durante esta guerra también hicieron su aparición tanques, pero la inteligencia militar de entonces estimó que estas valiosas máquinas bélicas debían ser protegidas por los soldados quienes debieron actuar como escudos humanos (por lo cual es todavía posible admirarlos en muchos museos).


Elementos no conmutativos      

La guerra se extendió por 4 años, 3 meses y 14 días. Los gastos militares oficiales bordean los 80.000.000 de dólares. El imperio británico invirtió 23.000.000 de dólares, seguido por Alemania con  19.900.000. Se estima que 40.000.000 de animales murieron al ser utilizados en el campo de batalla, esencialmente caballos. Los denominados daños colaterales todavía se debaten, pero hay quienes señalan que se dispararían por sobre los 6.000.000. Alrededor de 4.000.000 de mujeres enviudaron y 8.000.000 de niños se convirtieron en huérfanos. La batalla del Somme, una de las más sangrientas que la humanidad recuerda, causó 60.000 bajas en un solo día entre las líneas del ejército británico. 306 soldados (principalmente ingleses) se negaron a luchar, siendo ejecutados bajo el cargo de alta traición y deserción. Sólo en el año 2006 se les concedió el perdón. Cerca de 6.000 soldados fueron víctimas de armas biológicas, principalmente de gas mostaza. 

Entre las cifras que representan los caídos por país se encuentran: Austria-Hungría con 922.000 muertos, la romántica Francia con 1.359.000, Rusia 1.700.000. Italia añade 689.000, Inglaterra 658.700, Turquía 250.000, Serbia 45.000,  Romania 335.700, y otros tantos países que sacrificaron, oficial y no oficialmente, cientos de vidas en el frente. Estos números no incluyen a los heridos (amputados, cegados o mutilados), desaparecidos o aquellos que murieron años después producto de la guerra o vivieron el resto de sus vidas encerrados en manicomios.

El 9 de noviembre de 1918 el Káiser Guillermo II abdicó, proclamándose la república alemana. Dos días después se firmó el armisticio.  Entre las vengativas penalidades que se impusieron sobre el país estaba la reducción de su ejército a 100.000 hombres y reparaciones económicas estrambóticas. Alemania terminó de cancelar su deuda el año 2010 (92 años más tarde). El último pago equivalía a 69.000.000 euros.

 

Figuras inversas  

El 8 de mayo de 1919, el soldado y periodista australiano Edward George Honey escribió bajo el pseudónimo Warren Foster una carta abierta al London Evening news. En ella solicitaba dedicar, en el decimoprimer día del decimoprimer mes, un minuto de silencio por aquellos que murieron en la gran guerra. La tradición daría comienzo a partir del 11 de noviembre de ese mismo año.

Desde entonces se han celebrado 93 minutos de silencio frente a 48.847.680 minutos, mayor parte de los cuales el mundo ha estado en guerra (incluyendo golpes de estado en Latinoamérica, guerras civiles, persecuciones políticas, la guerra fría, la guerra en Irak, Afganistán y el actual levantamiento en Siria).

Para la revisión del impacto y memorias de aquella primera gran guerra, el Primer Ministro inglés, David Cameron, anuncia que se destinarán 50.000.000 de libras. Esto es parte de las actividades que la Unión Europea prepara para la conmemoración del centenario de la guerra en 2014. Sin embargo, la vigencia de las cifras hasta aquí revisadas estremece y palidece ante los elevados presupuestos militares que prometen un devastador futuro, incluso peor que en el pasado siglo.

El Instituto internacional de investigaciones sobre la paz en Estocolmo publica la inversión que cada país realiza cada año en términos militares. Algunas de las cifras más relevantes pertenecen a  Estados Unidos, que en 2010 invirtió la no tímida suma de 711.000.000.000 de dólares, China, en 2011, 143.000.000.000, Rusia 72.000.000.000, Inglaterra 62.700.000.000 y Francia 143.000.000.000.

Cada uno estos dígitos ilustra el movimiento y transformación de aquello considerado natural por los observadores internacionales, la valides de los derechos humanos ante el poder avasallador de las potencias mundiales, las consecuencias de aquello denominado nacionalismo (además del conjunto atávico que atrae) y, por sobre todo, la desproporción numérica que en casi 100 años los números naturales han sufrido.


Bibliografía
  1. Arthur, Max (2007) The Faces of World War I, London: Cassel Illustrated.
2.    Claro, Regina. (1994) «El impacto de la Primera Guerra mundial en la sociedad británica» Revista Chilena de Humanidades, 15: 59-70.
3.    Duffy, Michael (2009): Weapons of War - Machine Guns (en línea) www.firstworldwar.com/weaponry/machineguns.htm
4.    Ferro, Marc (1984) La Gran Guerra (1914-1918). Madrid: Alianza.
5.    Guerrero, Juan A. «Cuatro años en el infierno» en Gutiérrez, Gabriel (Ed) Muy interesante: La Primera Guerra Mundial. (4): 57-73, 2008.
6.    Hobsbawm, Eric (1998) La Era del Imperio, 1875-1914, Buenos Aires: Crítica.
7.    _____________ (2000) Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona: Crítica.
8.    _____________ (2006) Historia del siglo XX, Buenos Aires: Crítica.
9.    _____________(,2007) Guerra y paz en el siglo XXI. Barcelona: Crítica.
10.  Mommsen, Wolfgang (1990) La época del Imperialismo: Europa 1885-1918,  México: Siglo XXI.
  1. Roberts, David, (Ed). (2007) Minds at War, the poetry and experience of the First World War, London: Saxon.
12.  Romo, Jaime. (1994): « La Primera Guerra Mundial (1914-1915) Consideraciones y antecedentes generales. Estructura operativa. », Revista Chilena de Humanidades, 15: 17-35.
13.  Rogers, Simon (2012): Military spending: how much does the military cost each country, listed (en línea) http://www.guardian.co.uk/news/datablog/2012/apr/17/military-spending-countries-list

domingo, 4 de noviembre de 2012

Otro obituario para un poeta caído en el frente: Wilfred Owen (18 de marzo de 1893 - 04 de noviembre de 1918)


Por Cristian Alexis González

“él es un poeta de todos los tiempos, de todas las guerras”
Dylan Thomas 


Joven y prometeico, Wilfred Owen muere a los 25 años mientras cruzaba el canal de Sambre-Oise en Francia el cuatro de noviembre de 1918. Una bala atravesaba su cráneo siete días antes de que se firmase el armisticio que daría término a la Primera Guerra Mundial. Conflicto que costó la vida de no menos de quince millones de otros jóvenes que, tal cual Owen, creyeron en la vieja mentira de Horacio: dulce et decorum est pro patria mori. No obstante, los avatares de su biografía muestran una vida en crisis, de constante negación de preceptos y verdades aceptadas, desarraigándolas de su ser e increpando a quienes las vociferaron. 

Hijo de un hombre dedicado al servicio de ferrocarriles (como el padre del famoso poeta de este hemisferio) y de una aprensiva madre que instruyó su estirpe en la fe del imperio inglés, Owen estuvo siempre vinculado a los patrimonios culturales de su país. Aprendió el aristocrático arte de tocar el piano y el arpa, asistió religiosamente a los servicios y leyó con rigor a los clásicos locales. Nutrió de ellos sus primeros versos que contenían una inocente cristiandad, pero también giros y motivos románticos que absorbió de sus autores favoritos: John Keats y Oscar Wilde. 

Este místico contexto lo condujo, en 1911, al pequeño poblado de Dunsden para convertirse en asistente del vicario. No obstante, las extenuantes jornadas de estudio bíblico terminarían por hastiar al joven Owen, quien no divisaba concordancia alguna entre las sagradas escrituras, las prácticas del clero y las necesidades de los feligreses. 

Tras un colapso nervioso, regresa al hogar tan sólo para iniciar otro viaje todavía más distante, pues (a pesar de las aprensiones de su protectora madre) logra conseguir un cargo como profesor de inglés en una escuela de Burdeos. Una vez en Francia, Owen escapa a todo aquello que en su infancia fue vedado, comenzando por obviar las visitas al templo. Prefirió, en cambio, disfrutar de una cajetilla de cigarrillos (particularmente de aquellos exportados de Egipto), sentarse a leer una revista en un café, salir a beber con más terrenales cómplices y admirarse con el arte de teatros, salones y galerías. Conocería a Laurent Taihade, un vate de la decadencia francesa, de quien aprendería sobre Mallarme y otros autores del romanticismo tardío, pero también sobre amor entre hombres (por lo menos así lo declaran sus biógrafos, quienes sostienen que estos dos poetas mantuvieron una relación homosexual). 

}Aquel bohemio periodo de su vida terminaría el otoño de 1915 cuando regresa a casa llamado por el deber. Para entonces Owen ya había roto lazos con sus raíces cristianas y las reticencias sexuales de su sagrado hogar, pero la tradición literaria y el capital cultural todavía le conquistaban al estallar la guerra. Atrevidamente creyó que lo correcto sería perseguir la famosa proposición nacionalista de luchar Por Dios, el Rey y el País, enlistándose como voluntario en el regimiento Artist’s rifles. 

Arribó al frente el 4 de Junio de 1916, destinado directamente al Somme. En ese desolador páramo Owen comprende lo deshumanizante y poco glorioso de la guerra: atrapado, sepultado vivo, hacinado en parapetos y contemplando los cadáveres de soldados apilados en fosas comunes (ya asfixiados con gas mostaza o destrozados por explosiones). Pero también sobre la vergüenza de tener que levantar armas contra otros incautos que creyeron en sus naciones, líderes y costumbres. Esta inmensa complejidad lo arrastra a un colapso nervioso (Shell-shock), siendo a regañadientes destinado a Craiglockhart, un centro psiquiátrico en Edimburgo, para su rehabilitación. 

Allí conoce a otro soldado y poeta, Siegfried Sassoon, quien se convirtió en su último y maestro definitivo. De éste aprendió un lenguaje mucho más directo y riguroso, capaz de expresar la ferocidad destructiva de la batalla, la ignorante indiferencia civil y la capacidad de lanzar una decidida crítica contra las falacias emitidas por las autoridades que promocionaron la guerra. Fue un periodo fructífero para Owen, de auténtica renuncia a fundacionales valores y de reconciliación con sus propias memorias de guerra. En 1918, vencida ya la vigencia de su recuperación, las autoridades deciden que es tiempo de retornarlo al frente. Owen abandona Craiglockhart, y con ello a Sasson y a otros tantos artistas que compartieron con él un año de crecimiento y despertar poético. Lamentablemente, su suerte ya estaba echada.

 Tres años después de terminado el conflicto, sus amigos publicarían un breve libro con sus poemas de guerra introducidos por el mismo Sassoon, pero sus versos no alcanzaron gran difusión. Una parte importante de esa primera edición permaneció almacenada por años, relegada por una sociedad que deseaba olvidar y poetas que prefirieron callar. 

Sin embargo, cuarenta años más tarde esos aciagos versos fueron recatados por músicos y pacifistas. La poesía de Owen resurge con un inusitado resplandor durante la reconstrucción de la catedral de Coventry (bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial) gracias al réquiem de guerra de Benjamín Britten. Muchos también vieron en sus escritos la clara advertencia de las catástrofes de una intervención en Vietnam, republicándose y difundiéndose masivamente en Norteamérica. Owen se convirtió en motivo de cátedras en Oxford y Harvard, así como la poesía de guerra tornó en tema obligatorio y recurrente de antologías poéticas. Estudios, biografías y ensayos se publicaron sobre su vida y obra. Owen volviéndose un fenómeno de la lírica inglesa y su crítica.

Hoy en día sus poemas dominan el canon de la poesía de guerra, además de enseñarse en toda Europa como un testimonio del ambiente y de los horrores de la guerra. Su trabajo, sin duda, será clave en dos años más cuando se conmemoren los cien años del conflicto que lo vio caer. Mientras tanto, las guerras siguen estallando aquí allá, amenazando actualmente a los habitantes de Siria. Esperamos que sus afligidos versos sean esta vez escuchados. 

Himno para la juventud condenada
¿Qué campanadas son estás para los que mueren como ganado?
Solamente la cólera monstruosa de las armas.
Solamente el tartamudeo rápido ruidoso de los rifles;
Puede repetir sus oraciones precipitadas.
Ninguna mofa para ellos de oraciones ni campanas;
Ni ninguna voz del luto excepto la del coro –
El agudo, demente gemido del coro de bombas;
Y clarines pidiendo por ellos desde tristes comarcas.

¿Qué candelabros pueden ser llevados para despedirles a todos?
No en las manos de los muchachos, sino en sus ojos
Brillará el sacro destello del adiós.
La palidez de las frentes de las chicas serán sus mortajas;
Sus flores la ternura de sus mentes mudas,
Y cada lento anochecer una persiana cerrándose.