miércoles, 2 de junio de 2010

Reencarnación

Al final nuestros sueños se destrozaron, se volvieron cenizas, polvo, se convirtieron uno con la tierra, el viento y el agua. Muchos años más tarde sirvieron de alimento a un roble que crecía y donde otros niños escribieron “Jano y Ana”.

1 comentario:

  1. Qué bonito, wn. Menos mal que la "j" estaba en el nombre de él y no en el de ella... Ano y Jana sonaría mal.
    Te quiero bro!

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