Con lo complicado que era, siempre nos dejaba todo a medio camino. Continuamente fluctuaba entre una posibilidad u otra, considerando la magnitud de las catástrofes y optando, tras largas esperas, por la menos ruinosa. Pero aquello sólo sucedía en el mejor de los casos, ya que son infinitas las cuestiones que dejó y dejará pendientes.
El día que falleció, no lo creímos del todo. Pocos fuimos a su funeral y muchos menos a su entierro.
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