domingo, 27 de enero de 2013

Para una introducción a la poesía de guerra en nuestros tiempos




“Sin embargo, ellos no dirán: los tiempos fueron oscuros
Sino: ¿por qué los poetas guardaron silencio?”
Bertol Brecht

I                      Una historia violenta
El siglo XX ha dejado, estima Eric Hobsbawm, 187 millones de cadáveres producto de las sucesivas guerras o conflictos armados alrededor del mundo. Una sobrecogedora cifra, considerando que la balanza ha tendido en las últimas décadas hacia la población civil. Emblemático es el bombardeo a Guernica que fue deliberadamente efectuado sobre disidentes no armados o el mismísimo holocausto que tuvo la no pequeña aspiración de intentar erradicar completamente una raza.
Durante estos episodios, la inmensidad de la maquinaria bélica y la violencia que los países ejercieron sobre sus ciudadanos superó la capacidad racional y emocional de comprensión. Incluso, en su ausencia, su amenaza amedrentó países enteros. Una guerra, la fría, estalló por el terror a ideologías contradictorias. El mundo (al menos el occidental) se dividió en dos. Se temía al gran hermano[i], a la guerra atómica e incluso a las comitivas deportivas[ii]. Pol Pot, en su locura, intentó crear una sociedad de campesinos libre de trabas occidentales y capitalistas reduciendo la población de Cambodia en un 25%. Generales en Latinoamérica, amilanados por la hoz, tomaron el control de naciones tras duros golpes de estados y todavía más agresivas dictaduras. Hasta que un día el muro cayó y Francis Fukuyama proclamó el fin de la historia (aunque luego vino el Golfo Pérsico).
La década que recién acaba tampoco deja un panorama muy alentador. Otro once de septiembre invadió los televisores alrededor del mundo, permitiendo que el presidente de los Estados Unidos proclamara una cruzada contra oriente.  A pesar de que la gente salió a las calles y tomó las grandes avenidas con pancartas y tambores mostrando su negativa, los gobiernos no supieron escuchar. Las consecuencias fueron una guerra que todavía no termina en Afganistán, siete años en Irak y un atentado al metro de Londres. Se les suma la Franja de Gaza, donde la operación Plomo Fundido causó la muerte de no menos de 300 niños, y la invasión a Siria tras la masacre de Al Ahula.
II                     La literatura heroica  
Durante estos largos y exaltados tiempos, los seres humanos han indagado en busca de formas para comunicar estas experiencias, ya como testigos presenciales, vivenciales o a la distancia, incapaces de alterar el curso de una historia esquiva y constreñida. Incluso, en las más apremiantes circunstancias de silencios impuestos, la palabra ha tentado vías, desafiando discursos, clases y tradiciones.
De la poesía, la épica es el género al cual la guerra ha pertenecido, es el material aristotélico para celebrar las proezas de quienes, como dice Bowra, “son movidos por un importante elemento en el alma humana, un principio propio de asertividad, para distinguirse igualmente de apetitos como de razones y realizarse en osadas acciones”[iii]. Pero estas acciones memorables pertenecen a otros tiempos, en las cuales el hombre era más fuerte que su entorno[iv], pudiendo asestar golpes mortales a bestias marinas o defender su patria contra invasores. Estos cantos épicos y romances son esenciales en la literatura nacional y fundacional.
En cambio, el hombre de la guerra moderna no es más fuerte que la naturaleza ni articula su comportamiento según virtudes cardinales. Su inmolación está impulsada por los motores patrióticos del nacionalismo, la insistencia familiar, la comunidad o por un enrolamiento compulsorio. Todos ellos generados a partir de propagandas, fanatismos y falacias llenas de lugares comunes que asaltan toda forma discursiva[v]. Los estados, en nombre de la defensa de la seguridad y la democracia, suprimen todas las libertades e imponen un discurso oficial, vertical y autoritario, oficializando cierta literatura con un tono particular.
El arte discursivo dulce et decorum est pro patria mori[vi] invade cada rincón de la palabra de la nación en guerra. Crea una imagen de país resistente, que endurece, pero que tras las pérdidas reales se contrae. La identidad nacional cae frente a una verdad visceral. Rudyard Kipling, autor del Libro de las tierras vírgenes, escribiría a la muerte de su hijo:
“Si alguien pregunta porque morimos,   
Diles, porque nuestros padres mintieron.”

Allí, en la llamada guerra total, es donde la poesía cambia, evoluciona y responde a sus antecesores. La posición del hombre ante al arte, la poesía moderna[vii] y la épica es puesta en duda frente a las necesidades de los últimos tiempos. Debe ser un testimonio del presente, no del pasado remoto ni de la ficción de un país.
 III                  Para una definición de poesía de guerra
La poesía de guerra se volvió materia de interés durante y tras la guerra de Vietnam. Quizás porque fue una de las guerras que con mayor fuerza se implantó dentro del discurso americano. No obstante, la figura que definiría su canon vendría de un poeta inglés caído en Francia durante la Primera Guerra Mundial. 
Wilfred Owen es la piedra de tope de este género, porque encarna los avatares de la guerra y su trauma: la voluntad de enlistarse, el iniciático entusiasmo y la defensa de los valores patrios (incluyendo su literatura); la impresión de las trincheras, el panorama putrefacto y sus ratas; los compañeros fulminados o ahogados con el gas mostaza. Wilfred Owen muere a los 25 años a solo siete días antes del término de la guerra. Su experiencia quedó fragmentada en unos pocos textos y una suerte de prefacio al cual la crítica acude continuamente como punto clave en la definición de la poesía de guerra:  
“Este libro no es acerca de héroes. La poesía inglesa no está
Preparada para hablar de ellos.
No es de proezas, ni tierras, ni nada sobre
gloria, honor, fuerza, majestad, dominio, o poder, 
excepto la Guerra.
Por sobre todo no me concierne la Poesía.
Mi tema es la Guerra, y la Piedad de la Guerra.
La Poesía está en la piedad.”

Todo elemento decorativo e imaginativo es negado dentro del lenguaje de Owen, también lo son aquellos relativos a la promoción de la guerra. Lo único que interesa al autor es el tema de la guerra y su piedad. El rol del hablante debe ser fidedigno. Dentro de la codificación lírica y su subjetividad, Owen exige a los poetas registrar los acontecimientos, convirtiendo su poesía en literatura testimonial. Owen Knowles, uno de sus críticos,  señala que el hablante lírico de la poesía de Owen cumple tres funciones esenciales:
 “[primero] el hablante-combatiente es identificado con un “nosotros”, pero emerge como el historiador de una vivencia compartida; segundo, el hablante cuya identidad es definida por funciones ceremoniales que éste realiza como quien cantase elegías o un creara himnos; y, finalmente, el vocero que media o protesta, quien, simpatizando con las actitudes civiles y sus percepciones, actúa como un embajador por sus hermanos sin voz”[viii]
Si bien estas funciones han sido descritas para la poesía de Owen, es válido aplicarlos en cierta medida a todos quienes registran sus experiencias por medio del verso. Siendo bardo y cronista, el poeta de guerra puede cantar las acciones y sufrimientos de la guerra sin glorificarla.       
Otra definición para estas composiciones proviene de la mano de Jon Stallworthy, catedrático de la Universidad de Oxford, experto en poesía de guerra y biógrafo de Owen. Éste identifica tres características esenciales: “primero que todo, debe persuadirnos de que es real; segundo, que esta verdad impacta, y; tercero, que debemos hacer algo sobre ella” [ix]. Esta definición abre sin duda aquella concepción de poesía de guerra clásica, acabada, terminada y referencial, por una nueva que apuesta al presente y que exige la participación activa del lector, siendo sumamente apelativa y actual.  Muchos de los poemas, como “Felicidad” de Owen, poseen preguntas y tensionan respuestas para activar su relación con el receptor:
¿Otra vez respirar pura felicidad,
La felicidad que nuestra madre nos dio, muchachos?
¿Para sonreír por nada, no necesitando caricias?
¿No hemos reído demasiado a menudo desde entonces con alegrías?
¿No hemos cometido también tristes y enfermizos errores
Para que las manos sean perdonadas? El sol puede limpiar,
Y el tiempo, y la luz de las estrellas. La vida cantará dulces canciones,
Y los dioses nos mostrarán placeres mayores que los de los hombres.
Pero la vieja Felicidad no regresa.”


IV       Los temas, tonos y otros ejemplos
Los temas que este género puede abarcar son variados y generalmente entran en contacto con otros tantos tópicos de la literatura.  Desde los dos horizontes de protesta y promoción de la guerra, la experiencia de la partida y el abandono del hogar (que es sin duda un nuevo cruce del umbral) hasta la incapacidad del retorno por las heridas físicas y psíquicas.
Además distintos tonos se combinan, pasando por la nostalgia del hogar, el odio contra los padres que han enviado a sus hijos a ser masacrados, hasta la risa irónica de la poca fortuna. Estos últimos comparten un profundo lazo con la jerga militar de los soldados rasos, quienes crean juegos de palabras para ocultar el horror de la guerra.
El poeta irlandés Paul Durcan, por ejemplo, escribe sobre la familiaridad de los enemigos en el campo de batalla en su poema “Irlanda 1972”. Las falsas vecindades construidas por naciones y razones económicas desaparecen cuando lo que se visita es el mausoleo familiar, dejando una verdad cruel:
“Junto a la fresca lápida de mi amada abuela
La tumba de mi primer amor asesinada por mi hermano”

Este tipo de versos es ampliamente versátil, primero porque no está escrito para un público que persigue una experiencia estética, sino un contacto con una vivencia personal y grupal. Es así como un increíble número de publicaciones apareció, por ejemplo, durante la guerra civil española de la mano de campesinos y obreros recién alfabetizados. Aparecían también algunas mujeres quienes buscaron salvar en algunas palabras la memoria de sus hijos:
“¡Descansa en paz, hijo mío!
Que los hombres no se acaban, sobran para defenderla.
Nos sobran hombres y armas,
Y si ellos se agotasen
Tu MADRE empuñará el arma,
Y dará antes su vida”

De esta manera el verso de la poesía de guerra, aunque es inicialmente inaugurado y creado por soldados, es también utilizado por civiles que ven su vida afecta por ataques, bombardeos y asesinatos crueles. En 1992, Bosnia -que venía ya con una herida de siglos- declaró finalmente su independencia. Sin embargo, Serbia arrojó un ataque voraz para erradicar a los musulmanes de Bosnia, dando inicio a un nuevo holocausto. Durante tres años Sarajevo fue bombardeada cada día hasta que en 1995 proyectiles acabaron con la locación de la armada de Serbia. De paso, la destrucción alcanzó al mercado local y 85 personas.  El poeta Goran Simic plasma así sus memorias:
El viento de Sarajevo
lee un periódico
adherido con sangre a la calle;
Yo paso con un trozo de pan bajo el brazo.

El río arrastra el cuerpo de una mujer.
mientras cruzo el puente
con mis tambores de agua,
noto su reloj, todavía en su lugar.

Alguien arroja el zapato de un niño
en una hoguera. Fotografías familiares esparcidas 
desde la parte trasera de un camión de basura;
Llevan leyendas
amor desde… amor desde… amor…

No hay manera de explicar estas cosas,
No las hay. Cada noche despierto
Me detengo junto a la ventana para mirar a mi vecino
Quien se detiene junto a la ventana para mirar la oscuridad.

V         Cierre
Hasta aquí esta breve introducción a la poesía de guerra. Hay por supuesto muchas preguntas sugeridas y temas. Tales como su lugar en la historia literaria; su inserción en planes y programas cada vez más estrechos y ambiguos; o si, efectivamente, la academia chilena debe preocuparse de ella.
Por supuesto, esta presentación no ha pretendido establecer las rutas a seguir para su investigación, sino más bien instarla, promocionarla y mostrar su vigencia.
Bibliografía
Aristóteles. Poética. Caracas: Monte Ávila, 1991.
Friedrich, Hugo. La estructura de la lírica moderna. Barcelona: Seix Barral, 1974.
Frye, Northop. Anatomy of Criticism: Four Essays. Princeton University Press, 1970
Hobsbawm, Eric. Guerra y Paz en el Siglo XXI. Barcelona: Crítica, 2007
Martin, Christopher. War poems. London. 2004
Stallworthy, Jon. War and Poetry. Gran Bretaña: Cyder Press, 2005.
Owen, Wilfred. The Poems of Wilfred Owen. Ed. Owen Knowles.London: Wordsworth, 2002.


[i] La ficccionalización de los gobiernos totalitarios en las novelas de George Orwell: La granja de los animales y 1984. O incluso en la actual trilogía de Suzanne Collins, Los juegos del hambre.
[ii] El atentado al vuelo CU-455 de Cubana de Aviación con destino a La Habana en 1976, que costó la vida  a 73 personas, entre los cuales se encontraban la delegación y equipo cubano de esgrima que regresaba tras la obtención de la medalla de oro del Campeonato Centroamericano y del Caribe.  
[iii]  Traducciones de poemas y textos realizadas por el autor.
[iv] Sigo aquí la clasificación de los modos realizada por Frye en su ensayo “Teoría de los modos”, según el cual la literatura debe organizarse según el poder de acción del héroe. El que interesa aquí es el segundo modo donde:
“Si es superior en clase a otros hombres y a su ambiente, el héroe es el tipo héroe del romance, cuyas acciones son maravillosas pero quien se identifica a sí mismo como otro ser humano. El héroe del romance se mueve en un mundo en el cual las leyes ordinarias de la naturaleza pueden ser temporalmente abolidas: prodigios de coraje y fortaleza, ajenas a nosotros, son naturales a él, además armas encantadas, animales parlantes, terríficos ogros y brujas, y talismanes de poderes milagrosos no violan ninguna regla de probabilidad una vez los postulados del romance han sido establecidos. Aquí nos hemos movido del mito, propiamente tal, a leyendas, cuentos populares, märchen, y sus afiliados y derivados literarios”(1971,pp 33).
[v] Al respecto, Catherine Savage escribe un importante artículo “The Fuctions of War literature” en South Central Review. Vol.9 nº1, 1992
[vi] Verso latino de las odas de Horacio que puede leerse en español como “dulce y decoroso morir por la patria es”.   Convertido en un tópico literario y referido constantemente, fue usado además por variadas generaciones para la promoción de la instrucción militar, la disciplina, memoriales para soldados caídos y ánimos belicistas. Sin embargo, también ha sido víctima de la ironía. Arthur Hugh Clough escribiría en el siglo XVIII: “Dulce puede ser y decoroso, quizás, por el país morir; pero, al final, los romanos no lo harían, y yo no lo haré”. 
[vii] No ha sido discutida aquí la cuestión de la poesía moderna. No obstante, debe considerarse que el modelo poético imperante de la época no proponía una mirada sobre la situación y tensión internacional entre las potencias coloniales de la época. Muy por el contrario, pretendía la búsqueda de un lenguaje propio y un universo ajeno al conocido, desestimando incluso la persona autoral como respuesta al romanticismo que, en cierta medida, abusó desgastó el género.
[viii] Knowles, Owen. “Introduction” en The poem of Wilfred Owen. Wordwoth, Inglaterra. 2005. pp 10.
[ix]  Stallworthy, Jon. War Poetry. Inglaterra, Cyder Press, 2005.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Chile



Chile es un país plural, pero no pluralista. Esto porque existen, al menos, dos Chiles. Uno conformado por la mayoría, perteneciente a la clase media baja (bien baja). A ella se le han impuesto una serie de pagos y deberes con cuales debe cumplir en orden de superar la amenaza constante de una pobreza que siempre amedrenta y castiga severamente su hogar. Se le ha prometido que en un momento dado sus necesidades serán satisfechas, pero aquello no es más que una burda burla, similar al burro que persigue una zanahoria que el mismo pone en movimiento. Se les explota constantemente y se le hace creer que su trabajo está muy por debajo de los estándares, por lo que su salario se ve generalmente mermado. Este Chile camina siempre con la cabeza baja.

El otro Chile, compuesto por un número mucho menor de personas, pertenece a la clase alta (alta). Este controla al animal y su entorno. Tiene poder absoluto sobre la distribución de los alimentos, la tierra y el mar (y sus peces). Ha restringido el acceso a la literatura subversiva, imponiendo impuestos e inflando los insumos básicos, de manera tal que el primer Chile tiene que elegir entre educarse o leer. Incluso cuando pudiera optar por ambos, el segundo Chile ha establecido un cerco comunicacional que amordaza los ojos y oídos del primero, para que escuche o vea sólo la zanahoria en frente.

Como el segundo Chile necesita validarse y ganar el favor de sus vecinos, ofrece a ellos la administración del país, vendiendo las tierras donde el primer Chile vive. El dinero que se obtiene no se reparte entre los  reales propietarios, sino que se utiliza para crear más y más fondos que nadie realmente ve. Se dice que es para el futuro, uno en que lo necesitemos. Sin embargo, hoy hay muchos chilenos que lo necesitan.

El segundo Chile cree que todo lo que hace lo hace por el bien de todos, por eso casi nunca escucha al primer Chile. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Los números naturales desde 1914: algunas cifras para la comprensión de la historia a partir de la primera guerra mundial



“Si alguien pregunta porque morimos, diles,
 porque nuestros padres mintieron.” 
Rudyard Kipling


 Hace casi cien años, el 28 de Julio de 1914, daba inicio un conflicto conocido como la gran guerra. Un cruce de armas que venía preparándose por décadas desde la unificación de Alemania y la división de los poderes europeos en dos bandos. Tal vez por siglos, si consideramos que aquello es una consecuencia de la carrera colonial de la cual Inglaterra y Francia tomaron participación activa, llegando el primero a ser uno de los imperios más grandes y poderosos de la historia de la humanidad. O incluso más de medio milenio, si incluimos el punto de vista de subalterno de Bosnia, que luchaba, desde 1389, por una independencia perdida frente al imperio Otomano.

Mientras las grandes potencias ansiaban los dominios coloniales de las otras utilizando como mecanismo una escala militar irrisoria, los países ocupados buscaron por medio de focos rebeldes redimir su identidad histórica y cultural.

Adición

La visita en Sarajevo del archiduque Franz Ferdinand, el 28 de Junio de 1914, no fue otra cosa que una bofetada en el rostro para los serbios. Aquel mismo día, la nación eslava conmemoraba su derrota frente a los Otomanos bajo la afligida festividad de San Vitus, de modo que la amenaza de una nueva anexión con Austro-Hungría (de la cual Franz Ferdinand sería amo y señor) representaba la continuidad de un largo y cabizbajo periodo de obediencia y sumisión. 

El consiguiente atentado a manos del estudiante Gavrilo Princip contra el archiduque tenía un complejo motor cuyas piezas comenzaron a girar con siglos de anticipación. Suma de un castigo histórico que necesitaba una vía de escape, una redención y un héroe. Una vez consumado el asesinato, Princip declaró: 
 

“No hay necesidad de llevarme a otra prisión. Mi vida ya se disipa. Sugiero que me claven a una cruz y me quemen vivo. Mi flameante cuerpo será la antorcha que ilumine a mi gente en el camino a la libertad”.

 
A esta declaración le siguieron otras, como la declaración de guerra de Alemania a Rusia y Francia, Inglaterra a Alemania y Austria, y la de Serbia a Austria-Hungría. Se sumarían además otros países a un fenómeno matemático jamás antes experimentado.    


Si N ≥ 0, entonces 16.000.000 es un número natural


La Primera Guerra mundial costó oficialmente la vida de más de 16.000.000 de personas durante los cuatro años de su extensión. Una de las razones de este desmesurado costo humano proviene, primero, del uso de trincheras en el frente. Estas propiciaron que ninguna de las potencias pudiera movilizarse y neutralizar las fuerzas enemigas, generando una guerra de desgaste. Además, la vida en estos agujeros estaba acompañada del constante asedio de parásitos, enfermedades respiratorias e infecciones que sin la necesaria atención médica conducían inevitablemente a otras fosas comunes. 

Una de las enfermedades más populares se producía por edemas en los pies, causando supuras, inflamaciones, problemas de articulación y tensión arterial. En el peor de los escenarios conduciría a gangrena y la amputación del miembro contagiado. Desde entonces se le conoce como pie de trinchera.

Sin embargo, fue la presencia de la ametralladora la que definió la suerte de cientos de batallones. Uno de los modelos más populares fue el Lewis. Un logro de la ingeniería militar: capaz de disparar una ráfaga de 550 balas por minuto, pesando tan sólo 11 kilogramos y a un costo de producción 6 veces menor que el modelo más cercano. Poseía 96,5 centímetros de longitud y un calibre 7, 70 milímetros. Cuando los poderes centrales presenciaron su poder destructivo, temerosamente le llamaronserpiente cascabel”. Un pelotón completo podía ser diezmado de una sola ráfaga.

Durante esta guerra también hicieron su aparición tanques, pero la inteligencia militar de entonces estimó que estas valiosas máquinas bélicas debían ser protegidas por los soldados quienes debieron actuar como escudos humanos (por lo cual es todavía posible admirarlos en muchos museos).


Elementos no conmutativos      

La guerra se extendió por 4 años, 3 meses y 14 días. Los gastos militares oficiales bordean los 80.000.000 de dólares. El imperio británico invirtió 23.000.000 de dólares, seguido por Alemania con  19.900.000. Se estima que 40.000.000 de animales murieron al ser utilizados en el campo de batalla, esencialmente caballos. Los denominados daños colaterales todavía se debaten, pero hay quienes señalan que se dispararían por sobre los 6.000.000. Alrededor de 4.000.000 de mujeres enviudaron y 8.000.000 de niños se convirtieron en huérfanos. La batalla del Somme, una de las más sangrientas que la humanidad recuerda, causó 60.000 bajas en un solo día entre las líneas del ejército británico. 306 soldados (principalmente ingleses) se negaron a luchar, siendo ejecutados bajo el cargo de alta traición y deserción. Sólo en el año 2006 se les concedió el perdón. Cerca de 6.000 soldados fueron víctimas de armas biológicas, principalmente de gas mostaza. 

Entre las cifras que representan los caídos por país se encuentran: Austria-Hungría con 922.000 muertos, la romántica Francia con 1.359.000, Rusia 1.700.000. Italia añade 689.000, Inglaterra 658.700, Turquía 250.000, Serbia 45.000,  Romania 335.700, y otros tantos países que sacrificaron, oficial y no oficialmente, cientos de vidas en el frente. Estos números no incluyen a los heridos (amputados, cegados o mutilados), desaparecidos o aquellos que murieron años después producto de la guerra o vivieron el resto de sus vidas encerrados en manicomios.

El 9 de noviembre de 1918 el Káiser Guillermo II abdicó, proclamándose la república alemana. Dos días después se firmó el armisticio.  Entre las vengativas penalidades que se impusieron sobre el país estaba la reducción de su ejército a 100.000 hombres y reparaciones económicas estrambóticas. Alemania terminó de cancelar su deuda el año 2010 (92 años más tarde). El último pago equivalía a 69.000.000 euros.

 

Figuras inversas  

El 8 de mayo de 1919, el soldado y periodista australiano Edward George Honey escribió bajo el pseudónimo Warren Foster una carta abierta al London Evening news. En ella solicitaba dedicar, en el decimoprimer día del decimoprimer mes, un minuto de silencio por aquellos que murieron en la gran guerra. La tradición daría comienzo a partir del 11 de noviembre de ese mismo año.

Desde entonces se han celebrado 93 minutos de silencio frente a 48.847.680 minutos, mayor parte de los cuales el mundo ha estado en guerra (incluyendo golpes de estado en Latinoamérica, guerras civiles, persecuciones políticas, la guerra fría, la guerra en Irak, Afganistán y el actual levantamiento en Siria).

Para la revisión del impacto y memorias de aquella primera gran guerra, el Primer Ministro inglés, David Cameron, anuncia que se destinarán 50.000.000 de libras. Esto es parte de las actividades que la Unión Europea prepara para la conmemoración del centenario de la guerra en 2014. Sin embargo, la vigencia de las cifras hasta aquí revisadas estremece y palidece ante los elevados presupuestos militares que prometen un devastador futuro, incluso peor que en el pasado siglo.

El Instituto internacional de investigaciones sobre la paz en Estocolmo publica la inversión que cada país realiza cada año en términos militares. Algunas de las cifras más relevantes pertenecen a  Estados Unidos, que en 2010 invirtió la no tímida suma de 711.000.000.000 de dólares, China, en 2011, 143.000.000.000, Rusia 72.000.000.000, Inglaterra 62.700.000.000 y Francia 143.000.000.000.

Cada uno estos dígitos ilustra el movimiento y transformación de aquello considerado natural por los observadores internacionales, la valides de los derechos humanos ante el poder avasallador de las potencias mundiales, las consecuencias de aquello denominado nacionalismo (además del conjunto atávico que atrae) y, por sobre todo, la desproporción numérica que en casi 100 años los números naturales han sufrido.


Bibliografía
  1. Arthur, Max (2007) The Faces of World War I, London: Cassel Illustrated.
2.    Claro, Regina. (1994) «El impacto de la Primera Guerra mundial en la sociedad británica» Revista Chilena de Humanidades, 15: 59-70.
3.    Duffy, Michael (2009): Weapons of War - Machine Guns (en línea) www.firstworldwar.com/weaponry/machineguns.htm
4.    Ferro, Marc (1984) La Gran Guerra (1914-1918). Madrid: Alianza.
5.    Guerrero, Juan A. «Cuatro años en el infierno» en Gutiérrez, Gabriel (Ed) Muy interesante: La Primera Guerra Mundial. (4): 57-73, 2008.
6.    Hobsbawm, Eric (1998) La Era del Imperio, 1875-1914, Buenos Aires: Crítica.
7.    _____________ (2000) Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona: Crítica.
8.    _____________ (2006) Historia del siglo XX, Buenos Aires: Crítica.
9.    _____________(,2007) Guerra y paz en el siglo XXI. Barcelona: Crítica.
10.  Mommsen, Wolfgang (1990) La época del Imperialismo: Europa 1885-1918,  México: Siglo XXI.
  1. Roberts, David, (Ed). (2007) Minds at War, the poetry and experience of the First World War, London: Saxon.
12.  Romo, Jaime. (1994): « La Primera Guerra Mundial (1914-1915) Consideraciones y antecedentes generales. Estructura operativa. », Revista Chilena de Humanidades, 15: 17-35.
13.  Rogers, Simon (2012): Military spending: how much does the military cost each country, listed (en línea) http://www.guardian.co.uk/news/datablog/2012/apr/17/military-spending-countries-list

domingo, 4 de noviembre de 2012

Otro obituario para un poeta caído en el frente: Wilfred Owen (18 de marzo de 1893 - 04 de noviembre de 1918)


Por Cristian Alexis González

“él es un poeta de todos los tiempos, de todas las guerras”
Dylan Thomas 


Joven y prometeico, Wilfred Owen muere a los 25 años mientras cruzaba el canal de Sambre-Oise en Francia el cuatro de noviembre de 1918. Una bala atravesaba su cráneo siete días antes de que se firmase el armisticio que daría término a la Primera Guerra Mundial. Conflicto que costó la vida de no menos de quince millones de otros jóvenes que, tal cual Owen, creyeron en la vieja mentira de Horacio: dulce et decorum est pro patria mori. No obstante, los avatares de su biografía muestran una vida en crisis, de constante negación de preceptos y verdades aceptadas, desarraigándolas de su ser e increpando a quienes las vociferaron. 

Hijo de un hombre dedicado al servicio de ferrocarriles (como el padre del famoso poeta de este hemisferio) y de una aprensiva madre que instruyó su estirpe en la fe del imperio inglés, Owen estuvo siempre vinculado a los patrimonios culturales de su país. Aprendió el aristocrático arte de tocar el piano y el arpa, asistió religiosamente a los servicios y leyó con rigor a los clásicos locales. Nutrió de ellos sus primeros versos que contenían una inocente cristiandad, pero también giros y motivos románticos que absorbió de sus autores favoritos: John Keats y Oscar Wilde. 

Este místico contexto lo condujo, en 1911, al pequeño poblado de Dunsden para convertirse en asistente del vicario. No obstante, las extenuantes jornadas de estudio bíblico terminarían por hastiar al joven Owen, quien no divisaba concordancia alguna entre las sagradas escrituras, las prácticas del clero y las necesidades de los feligreses. 

Tras un colapso nervioso, regresa al hogar tan sólo para iniciar otro viaje todavía más distante, pues (a pesar de las aprensiones de su protectora madre) logra conseguir un cargo como profesor de inglés en una escuela de Burdeos. Una vez en Francia, Owen escapa a todo aquello que en su infancia fue vedado, comenzando por obviar las visitas al templo. Prefirió, en cambio, disfrutar de una cajetilla de cigarrillos (particularmente de aquellos exportados de Egipto), sentarse a leer una revista en un café, salir a beber con más terrenales cómplices y admirarse con el arte de teatros, salones y galerías. Conocería a Laurent Taihade, un vate de la decadencia francesa, de quien aprendería sobre Mallarme y otros autores del romanticismo tardío, pero también sobre amor entre hombres (por lo menos así lo declaran sus biógrafos, quienes sostienen que estos dos poetas mantuvieron una relación homosexual). 

}Aquel bohemio periodo de su vida terminaría el otoño de 1915 cuando regresa a casa llamado por el deber. Para entonces Owen ya había roto lazos con sus raíces cristianas y las reticencias sexuales de su sagrado hogar, pero la tradición literaria y el capital cultural todavía le conquistaban al estallar la guerra. Atrevidamente creyó que lo correcto sería perseguir la famosa proposición nacionalista de luchar Por Dios, el Rey y el País, enlistándose como voluntario en el regimiento Artist’s rifles. 

Arribó al frente el 4 de Junio de 1916, destinado directamente al Somme. En ese desolador páramo Owen comprende lo deshumanizante y poco glorioso de la guerra: atrapado, sepultado vivo, hacinado en parapetos y contemplando los cadáveres de soldados apilados en fosas comunes (ya asfixiados con gas mostaza o destrozados por explosiones). Pero también sobre la vergüenza de tener que levantar armas contra otros incautos que creyeron en sus naciones, líderes y costumbres. Esta inmensa complejidad lo arrastra a un colapso nervioso (Shell-shock), siendo a regañadientes destinado a Craiglockhart, un centro psiquiátrico en Edimburgo, para su rehabilitación. 

Allí conoce a otro soldado y poeta, Siegfried Sassoon, quien se convirtió en su último y maestro definitivo. De éste aprendió un lenguaje mucho más directo y riguroso, capaz de expresar la ferocidad destructiva de la batalla, la ignorante indiferencia civil y la capacidad de lanzar una decidida crítica contra las falacias emitidas por las autoridades que promocionaron la guerra. Fue un periodo fructífero para Owen, de auténtica renuncia a fundacionales valores y de reconciliación con sus propias memorias de guerra. En 1918, vencida ya la vigencia de su recuperación, las autoridades deciden que es tiempo de retornarlo al frente. Owen abandona Craiglockhart, y con ello a Sasson y a otros tantos artistas que compartieron con él un año de crecimiento y despertar poético. Lamentablemente, su suerte ya estaba echada.

 Tres años después de terminado el conflicto, sus amigos publicarían un breve libro con sus poemas de guerra introducidos por el mismo Sassoon, pero sus versos no alcanzaron gran difusión. Una parte importante de esa primera edición permaneció almacenada por años, relegada por una sociedad que deseaba olvidar y poetas que prefirieron callar. 

Sin embargo, cuarenta años más tarde esos aciagos versos fueron recatados por músicos y pacifistas. La poesía de Owen resurge con un inusitado resplandor durante la reconstrucción de la catedral de Coventry (bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial) gracias al réquiem de guerra de Benjamín Britten. Muchos también vieron en sus escritos la clara advertencia de las catástrofes de una intervención en Vietnam, republicándose y difundiéndose masivamente en Norteamérica. Owen se convirtió en motivo de cátedras en Oxford y Harvard, así como la poesía de guerra tornó en tema obligatorio y recurrente de antologías poéticas. Estudios, biografías y ensayos se publicaron sobre su vida y obra. Owen volviéndose un fenómeno de la lírica inglesa y su crítica.

Hoy en día sus poemas dominan el canon de la poesía de guerra, además de enseñarse en toda Europa como un testimonio del ambiente y de los horrores de la guerra. Su trabajo, sin duda, será clave en dos años más cuando se conmemoren los cien años del conflicto que lo vio caer. Mientras tanto, las guerras siguen estallando aquí allá, amenazando actualmente a los habitantes de Siria. Esperamos que sus afligidos versos sean esta vez escuchados. 

Himno para la juventud condenada
¿Qué campanadas son estás para los que mueren como ganado?
Solamente la cólera monstruosa de las armas.
Solamente el tartamudeo rápido ruidoso de los rifles;
Puede repetir sus oraciones precipitadas.
Ninguna mofa para ellos de oraciones ni campanas;
Ni ninguna voz del luto excepto la del coro –
El agudo, demente gemido del coro de bombas;
Y clarines pidiendo por ellos desde tristes comarcas.

¿Qué candelabros pueden ser llevados para despedirles a todos?
No en las manos de los muchachos, sino en sus ojos
Brillará el sacro destello del adiós.
La palidez de las frentes de las chicas serán sus mortajas;
Sus flores la ternura de sus mentes mudas,
Y cada lento anochecer una persiana cerrándose.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Actualidad

La justicia, ciega, se dejó convencer por la libertad, siempre tan manoseada, de ir a trabajar en un topless en pleno centro de Santiago. Allí, sin tapujos, el que puede pagar, les da una buena tocada y otros tanto, con mucho más en los bolsillos, se las llevan al segundo piso.

sábado, 21 de abril de 2012

Descarte



La democracia en Chile lleva aretes de plata
y duerme en hoteles cinco estrellas
La democracia nos ha abandonado
Dejó sus hijos en el Mapocho,
en el Zanjón de la Aguada
para que crecieran solos
o se ahogaran 
la democracia en Chile usa tacos
que al pasar caminan sobre el pecho abierto
de mineros, campesinos y temporeras
llenando con su sangre las botellas que viajan
a París, Londres y New York
Salud, salud, salud

Oh, Nueva ilustración, salva al pobre pueblo,
pero sin el pueblo.
beneficia nuestra pobre ignorancia
y danos un pan para morder
para poder trabajar
horas sin fin y días sin descanso.
y soñar, seguir soñando, que la luz de tu ilustración
que un día nos tocará

martes, 15 de noviembre de 2011

Nadie

Desapercibido deambula por el edificio. Nadie lo notaba (ni siquiera recibía el mecánico saludo de esa rubia y curvilínea recepcionista que sonreía automáticamente a todos). Su diario quehacer dependía de las directivas del departamento de finanzas, pero como se desempeñaba en tareas menores, no exigía ser recordado por nadie y nadie lo recordaba.

Él soñaba, no obstante, con ser advertido o convertirse en el tópico de alguna conversación en el tocador de damas. En sus largos silencios, olvidado entre enormes pilas de papeles, imaginaba que alguien se preguntaría por sus secretos o su pasado insospechado, por sus innarrables aventuras. Tal vez, se decía a sí, una de las muchachas del área de proyectos no podría conciliar sus noches pensando en él.

Alimentaba su espíritu con simples hazañas, como mantener la puerta abierta tras él para que, quien viniese a sus espaldas, caminase a través de ella, recibiendo como recompensa un cálido “gracias”.

Un día no llegó más a su trabajo. Ni siquiera quien le daba mandados notó su ausencia. Sólo después de algunos meses, cuando estos se aglomeraron en un escritorio, el gerente de la división sugirió la creación del puesto de asistente dependiente para dicha tarea.